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Ha tenido que leerse en los periódicos y verse en la televisión (sobre todo verse en televisión) que el informe PISA canta a los cuatro vientos la incompetencia estudiantil en España con respecto a ciertas cuestiones, entre ellas el entrenamiento de la comprensión lectora. Ahí es nada.
Esto del entrenamiento de la comprensión lectora no consiste en dar más clases de lengua en las aulas, ni que decir tiene que no entra en la controversia de clases de lengua española —castellana— y catalana. No tiene nada que ver con eso, oiga. ¿La lengua es una parte del ECL? Pues sí, mire usted, pero también trata de historia, de ética o de psicología, entre otras materias. Amén de ser muy útil para entender un simple enunciado de matemáticas o química.
Es algo así como lo que nos hace ser menos burros y nos aporta un poquito más de cultura general que no tenga que ver con televisión, porque cultura general tienen los estudiantes ¡y mucha! Conocen a todos los «triunfitos», «hermanísimos» y protagonistas de series y novelas televisivas, sin olvidarnos de jugadores de fútbol, ellos, y putones verbeneros varios, ellas.
Y bien que hacen, lo triste es que todo se limite a eso.
Se trata de agilizar ciertos mecanismos para que el estudiante se desenvuelva con soltura en la captación de conceptos y en la resolución lógica y crítica de situaciones, no solo de entrenar la rapidez de lectura y la obtención de una mejora en vocabulario o sintaxis.
Así que no hay que olvidar que la cabeza humana es el disco duro que todo consumidor desearía, la pesadilla de los vendedores de hardware: cuando crees que has llenado tus 100 Gigas de memoria con información y tienes la memoria RAM saturada resulta que se autoactualiza y descubres que en realidad tenías 1000 y la RAM solo está al 5%, y si sigues echándole leña te lo aguanta todo. Queridos alumnos, eso de que a Nietzsche se le reblandeció el cerebro de tanto pensar es una solemne, soberana y estúpida estupidez... Porque sabéis quien era ese señor, ¿no?
En fin, entrenar la comprensión lectora es una ardua tarea por el esfuerzo intrínseco que conlleva y por la necesidad de cambiar la mentalidad de la sociedad al respecto. Una sociedad en la que el concepto de competitividad está acoplado como escudo de lo más peyorativo que se pueda imaginar educativamente hablando.
Entrenar o competir es como rascarte moderadamente cuando te pica, sano, por muy feo que le pueda parecer a «la panda feliz» de docentes, educadores y sucedáneos que solo quiere que los estudiantes disfruten en las aulas.
Lo que está claro es que si el sistema educativo de secundaria sigue fallando y no saca a la calle mejores personas por lo menos que salgan de las aulas mejores estudiantes. |